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DIETA LOW FODMAPs ¿Qué son los FRUCTANOS?

Cada día que pasa la evidencia científica en torno a la nutrición antiinflamatoria va acumulando más información que justifica la adopción de una alimentación baja en carbohidratos fermentables (baja en FODMAP) como tratamiento principal en las enfermedades digestivas tan prevalentes como el Síndrome de Intestino Irritable.


Una información reciente de varias publicaciones apunta hacia un nuevo sospechoso de problemas digestivos graves: los fructanos. La verdad es que con tanta información de lo que es "saludable" y lo que no... lo más común es que ya no sepamos bien a bien cual es la "verdad" y caigamos en confusiones enredando los datos cuando no tenemos la guía de un/a profesional de la salud que nos apoye.

Todo lo referente a novedades en torno a los carbohidratos fermentables (Alimentos altos en FODMAPs) va más relacionado con una afección denominada «sensibilidad al gluten no celiaca» (lo cual se parece pero no es lo mismo que la enfermedad celiaca), la cual se encuentra en el ojo del huracán de los expertos en nutrición y que cada avance es una batalla ganada pues demuestra una gran complejidad y variedad de características que reflejan la importancia que toma la nutrición especializada o individualizada para cada persona.


¿Qué tienen que ver los FRUCTANOS en los problemas digestivos?

Recientes estudios científicos han relacionado esta familia de polisacáridos y oligosacáridos (FRUCTANOS) con la llamada "sensibilidad al gluten no celíaca", debido a que los Fructanos serían "el componente inflamatorio" del GLUTEN, esta novedad científica nos invita a cuestionarios.


¿Qué pasaría si el GLUTEN no es el verdadero culpable de todos los males como se pensaba y que realmente de los que era inocente?


La novedad reside en que se ha vinculado la ingesta de unos compuestos (carbohidratos) llamados fructanos con la inflamación intestinal en las personas que no padecen enfermedad celiaca; para muchos expertos, los fructanos serían los verdaderos detonantes en los daños digestivos en las personas que sufren de colitis. Esto es muy importante para todos aquellos que no cuentan con un diagnóstico claro de sus problemas digestivos e intestinales, ya que ayuda en la búsqueda del verdadero culpable de lo que sufren a diario.



¿Qué son los FRUCTANOS?

Los fructanos son carbohidratos, polisacáridos y oligosacáridos formados exclusivamente por unidades de D-fructosa. Los encontraremos exclusivamente en fuentes alimentarias vegetales, entre las que destacan los provenientes de la familia de las aliáceas. Por ejemplo en los puerros, el ajo o la cebolla, pero también en los espárragos, las alcachofas y, por supuesto, el trigo, el centeno y sus derivados. La cantidad de fructanos en el centeno y el trigo es menor que en los otros productos mencionados,. El cuerpo humano no puede digerir los fructanos, llegan al intestino sin modificar y allí las bacterias los fermentan (los convierten en otras sustancias o gases inflamatorios) provocando síntomas como:


  1. Diarrea

  2. Distensión (abdomen globoso)

  3. Meteorismo (gases)

  4. Ruidos intestinales

  5. Malestar intestinal o dolor tipo cólico


Es muy curioso porque son considerados fibra alimentaria (fibra soluble) y se les atribuyen muchos beneficios entre los que destacan la disminución del riesgo de cáncer y mejorando el tránsito intestinal, sin embargo, en personas sensibles, generarían más problemas que beneficios.


Pero... ¿Porqué se sospecha de los Fructanos como los "culpables" de la sensibilidad alimentaria?


En estudios clínicos de gran calidad en los cuales se incluyeron personas que reportaron síntomas gastrointestinales compatibles con "COLITIS" (sin diagnóstico formal de Sensibilidad al Gluten No Celiaca "SGNC"); a las cuales se les dieron alimentos con Gluten, Alimentos altos en FRUCTANOS y alimentos bajos en FODMAPs por tiempos prolongaods (más de 7 semanas), encontrándose que aquellos pacientes que consumían Fructanos presentaban síntomas compatibles con el Síndrome de intestino irritable.


La historia del SGNC


Es un buen momento para plantearse las dudas que sobre la SGNC tiene la comunidad científica ( previas a la publicación del estudio en cuestión). No caben dudas respecto a la naturaleza y diagnóstico de la enfermedad celíaca. Resumiendo, la celiaquía es un trastorno autoinmune crónico del aparato digestivo, producido en personas genéticamente predispuestas por el gluten. Se caracteriza por una reacción inflamatoria en la mucosa del intestino delgado, que dificulta la absorción de macro y micronutrientes y cuyo único tratamiento eficaz para controlarla es una dieta sin gluten estricta para toda la vida.


Entre muchos otros síntomas posibles, son muchos los relacionados con las funciones intestinal, digestiva y absortiva. Su diagnóstico no es inmediato, pero cuenta con un protocolo definido y útil que puedes encontrar en este enlace del Ministerio de Sanidad. Así, el que cumple con los criterios diagnósticos puede decirse que padece enfermedad celíaca. Si un paciente sufre de determinada sintomatología, parecida a los de la celiaquía pero sin cumplir con los criterios diagnósticos mencionados en el enlace, sufrirá de algún otro trastorno o enfermedad, pero no de celiaquía.

Desde hace unos años atrás ha tomado cierta carta de credibilidad -posiblemente a rebufo de la indiscriminada y absurda moda antigluten- la conocida como SNCG. En estos pacientes, y una vez descartada la enfermedad celíaca según el protocolo, se observan una serie de síntomas gastrointestinales como diarrea, dolor o hinchazón abdominal, aunque también pueden presentarse manifestaciones extradigestivas como cansancio, dificultad para concentrarse y dolores musculares o articulares, muchas de ellos comunes con la celiaquía.


Una característica determinante en estos pacientes es que la sintomatología se alivia o remite con la eliminación en la dieta de aquellos cereales portadores de gluten, lo que ha propiciado la inclusión del término “gluten” en su denominación sin que se sepa a ciencia cierta si el causante de esos síntomas son sus propias proteínas, otras proteínas de algunos cereales o incluso elementos de otra naturaleza, como la fracción de hidratos de carbono donde entrarían los fructanos.


Siendo rigurosos, hay que matizar que la SGNC -o algo que se le parece-, fue descrita inicialmente en la década de los ochenta, tal y como informa Jorge García Bastida, profesor en la Universidad Internacional de La Rioja que conoce muy bien la enfermedad celíaca (también como paciente). Pero entonces fue relativamente relegada al olvido hasta hace apenas 7 u 8 años, cuando -coincidiendo con el inicio de la fiebre antigluten-, se obró el milagro de su redescubrimiento. El reconocido Dr. Peter Gibson fue uno de los artífices del descubrimiento, cuando con el fruto de sus investigaciones avaló de alguna forma la SGNC allá por 2011. Dos años más tarde, él mismo puso en entredicho sus hallazgos al publicar este estudio, en el que no observó efecto alguno del gluten en la dieta de 37 pacientes con SGNC. Algo de lo que se hicieron eco algunos medios, pero tuvo escasa repercusión.

No es azar que el mismo Peter Gibson sea uno de los firmantes de la publicación que apunta a tener en mayor consideración a los fructanos. Adscrito a la universidad de Monash, ha centrado una buena parte de su trabajo en el diseño de una dieta denominada “baja en alimentos con FODMAP” -por sus siglas en inglés, baja en Oligosacáridos, Disacáridos, Monosacáridos y Polioles Fermentables- donde entroncarían los fructanos en cuestión (al considerarse dentro de los oligosacáridos). Todo ello como indicación para los pacientes del poco específico Síndrome de Intestino Irritable.


Anque hay bastante información sobre las dietas bajas en FODMAP en la web de la universidad, sus planteamientos no tienen una acogida unánime dentro de la comunidad científica. Tal vez sea por su estrategia de retirar una importante cantidad de alimentos portadores de esos FODMAPs en bloque a pacientes diversos con una sintomatología digestiva relativamente parecida, sin matizar si a algunos les beneficiaría retirar solo algunos de estos alimentos (y a otros no).

Las dietas bajas en FODMAP no son precisamente fáciles de seguir, ya que limitan una gran cantidad de alimentos. Además, implica a buena parte de los de origen vegetal, como frutas, verduras, hortalizas, cereales, legumbres o frutos secos. Con las opciones que quedan no es fácil seguir las recomendaciones generales de salud en las que se propone la presencia de una cantidad destacada de alimentos de origen vegetal fresco, así que la terrible monotonía de estas dietas no es precisamente lo peor que te puede pasar.


Buscando la raíz del problema


No sabría si decir si el número número de personas afectadas de sintomatologías digestiva es creciente, pero todo apunta a que sí. Aparte de las que tienen un diagnóstico definido -como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa, agrupadas en las enfermedades inflamatorias intestinales-, las intolerancias y por supuesto la celiaquía, hay un amplio porcentaje de pacientes que quedan fuera y para las que se ha creado una especie de cajón de sastre” diagnosticándolas como Síndrome de Intestino Irritable.


Para estos pacientes, la etiología de su malestar es desconocida, y el pronóstico y tratamiento son especialmente variables sin que se puedan concretar medidas dietéticas, farmacológicas o quirúrgicas generales. Son pacientes relativamente desesperados, para los que no hay un tratamiento definido. En ellos, de forma periódica, se van contrastando propuestas -como estas dietas bajas en FODMAP- con una tasa de éxito variable. Muy variable.


Por eso se hace imprescindible seguir investigando en la línea del estudio sobre los fructanos, a la vez que es preciso que la población general no tome el rábano por las hojas -a partir de lecturas en diagonal, de radio-macuto o de webs de dudosa fiabilidad- y emprendan absurdas cruzadas anti-gluten, anti-fructanos, anti-leche o anti-lo-que-sea. Al igual que los cacahuetes -o cualquier otro alimento- pueden ser especialmente peligrosos para personas alérgicas a estos productos, no por ello se prohíben los cacahuetes (ni el huevo, ni la leche, ni los melocotones, ni el pescado, etc). No hay que entrar en esa peligrosa espiral, cuyo único fin parece ser el criminalizar nutrientes o alimentos sin motivo.

La situación de las personas con trastornos digestivos es preocupante, pero afortunadamente éstos no afectan a todo el mundo. Así que primero, tranquilidad y buenos alimentos (para la mayoría). Y segundo, por favor más investigación para que los afectados por cualquier dolencia más o menos difusa o poco específica -de momento- puedan aliviar sus síntomas y llevar una vida lo más satisfactoria posible.






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